En la noche del viernes 7 de agosto pudimos presenciar en la Plaza de la Iglesia un excelente pregón, que contrastó con la vulgaridad y ordinariez de una coronación de reinas que, año tras año, se convierte en "mi niña, reina por un día"
Tras la recogida de las reinas por parte de la banda de música, daba inicio el acto en la Plaza de la Iglesia en el que comenzaba con el buen pregón que se escuchó de boca de un rayero (Ahí está la diferencia entre quien pregona lo que siente y quien recibe el cargo de pregonero gracias a su cargo de concejal del Ayto. de Murcia).
Finalizada esta primera parte, injustamente tratada por una buena parte del público al que, al parecer, se le hacía largo y pesado, y que seguramente escuchaban sin prestar demasiada atención más por compromiso que por gusto, coronaban a las reinas que, previamente, habían subido al escenario bajo los "sones" de bandas sonoras de películas y los gritos, silbidos y demás excesos de los familiares que, de esta forma, anticipaban el bochornoso espectáculo que desplegarían cuando su niña fuese la protagonista del momento.
Entre tanto, varias personas deambulaban frente al escenario grabando y tomando fotografías, o simplemente pasando de un lado a otro, dado que su función es claramente más importante que la contemplación del acto por parte del público (Les deseamos de todo corazón que hayan tomado buenas imágenes, a aquellos que complican a los que intentan hacerlo sin molestar a los demás).
Niña tras niña y chica tras chica iban siendo coronadas con una formalidad que no era correspondida por el resto de la plaza. Público hablando en corrillos, levantándose sin parar, gritando "guapa", "guapo", silbando (excesivo a todas luces), en un acto con poco o ningún sentido de la corrección y en el que, para hacer justicia, cabe destacar el saber estar del Ángel coronador, especialmente teniendo en cuenta su corta edad.
En resumen, un acto que, al igual que otros años, deja de ser un acto de las fiestas para convertirse en un evento pseudoprivado, en el que da igual guardar las formas, simplemente llamar la atención y gritar más que la madre de la otra reina, hacerse ver, que mi niña es la más todo, y centrar toda la atención de un acto que inaugura las fiestas y que sigue sin estar a la altura que debe, destacando entre todos estos peros un claro pro, el excelente pregón de este año, que sale de la tónica habitual, y que esperemos que continúe por este camino.
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